domingo, 6 de junio de 2010

Lo que buscas, existe.

Aunque no tenía pensado comenzar el Blog hasta dentro de unos meses, me resulta imposible resistime a mostrar algunas de las ideas que pasan por mi cabeza a lo largo del día, bueno y de la noche.
Hoy estoy muy contento, por fin puedo decir que soy completamente feliz.
Haciendo limpieza del ordenador de viejos archivos y carpetas me he encontrado con una pequña redacción que escribí hace unos meses.
Hoy leo estos párrafos de forma distante, aunque en lo que se puede considerar temporal, son muy recientes. Sin embargo algo ha cambiado, algo que hace que no pueda disimular la sonrisa que se me dibuja en la cara.
Aunque a día de hoy no es importante, quiero publicar esta redacción efímera y extinta porque un día me ayudó a seguir buscando ese tesoro, que ya he encontrado. Gracias ;)


"..pinceladas 17 de Ene, a la 01:55"

Empiezo a escribir sin saber muy bien por qué. Supongo que es porque hay demasiadas personas que hablan, pero pocas que escuchan. Si hay pocas personas que escuchan aún son menos las que leen. Por eso escribo sin pensar que título pondré, cuanto me ocupará o sobre que hablaré. Cada día me persigue más la misma idea sobre si alguna vez me llegaré a mostrar indiferente hacia el mundo. Espero que sí. Espero que sí porque cada día vislumbro con más claridad el camino hacia la felicidad. Este camino es el de la ignorancia.
Pero no la ignorancia del desprecio. Hablo de la misma ignorancia con la que tomas un libro por primera vez ó la que tienes al conocer alguna chica en un bar, la que te permite descubrir algo nuevo, poner en juego tus habilidades predictivas, intuir un final ó simplemente la ignorancia que te permite dejarte llevar sobre el poder imaginativo de un buen escritor.
Últimamente siento que me falta ese escritor, ese director que dirija la gran ópera de debiera ser mi vida.
Cada vez me sorprenden menos cosas, veo pasar el calendario como todos los años y lo único que parece cambiar es el último dígito de la fecha, menos mal que por lo menos este año hemos tenido que cambiar dos números. La vida, al igual que yo, es muy previsible y si la vida es previsible también lo es el futuro. Cuando ves que todo el engranaje funciona perfectamente y en una dirección determinada, solo puedes limitarte a formar parte de él y seguir con tu trabajo. Puedes pensar que no, que puedes cambiar tu posición, hacer algo extraordinario y conseguir cambiar las cosas. Que podríamos deshacernos de nuestros lastres y prejuicios. Lo cierto, es que esto es imposible, porque nuestra posición individual, nuestro puesto de observador privilegiado también varía con nosotros. Sería como la típica secuencia de casualidades propia de películas “Amielescas”. Del mismo modo cada uno de nosotros formamos parte del proyecto de vida de cualquier persona a la que afectamos grosso modo de una forma u otra (Recuerdo aquí la conversación con Marcos y el sinestésico).
Me gustaría salir a la calle, empezar a correr, ir algún sitio de Madrid en el que nunca haya estado, cogerme un buen pedo y hacer lo primero que se me ocurra. Aunque dudo que consiguiera algo práctico con ello. Ni siquiera sé, si sería capaz, me digo a mi mismo que sí, que no tengo miedo de nada, ni de nadie, que haría cualquier cosa, pero sin embargo hago lo que debo en vez de lo que quiero.
Así es imposible llegar a ser feliz. Debería eliminar todas las ambiciones, los objetivos y las metas, de este modo me aseguraría de no fracasar nunca más. Suena muy tentador, pero me reconforta pensar que tampoco sería capaz de hacerlo.
Me conozco con casi total seguridad y creo que mañana seguiré igual: Pensando y no actuando. Actuando y no pensando. Es decir, seguiré cometiendo los mismos errores, posiblemente hasta que me muera. Si fuese verdad que cada vez que nos equivocamos aprendemos algo nuevo, algún día podría llegar a ser: sabio, filósofo, o algún ilustre y loco letrado parecido. A pesar de todos estos errores, equivocaciones y en definitiva estas mierdas que suceden de vez en cuando. No obstante hay algo peor que estas adversidades, algo, de lo que todos tenemos culpa, y es la existencia del verbo menospreciar.
Por desgracia muchas veces cosas cotidianas que son absolutamente maravillosas, dejan de sorprendernos porque a nuestros ojos parecen repetitivas cuando no lo son en absoluto. Un buenos días, un saludo, una agradable conversación o un simple beso de despedida... Si supiésemos que es la última vez que vamos a poder hacer alguna de estas cosas, sin duda lo haríamos de otro modo.
A pesar de todo, la vida es bella y merece la pena seguir luchando por lo que uno quiere.
Si luchas toda una vida por una persona, un ideal, una causa, algo por lo que merezca la pena levantarte un millón de veces, desde mi punto de vista merecerá la pena, porque estarás luchando por ti, lo más valioso de todo.
Tengo sueño, así que voy a dejar de escribir, seguramente mañana borre esta entrada, tal vez nadie la lea, pero me da igual porque a mi me ha servido, necesitaba escribir, incluso cosas que no he escrito.
Lo más jodido de todo, es que hoy tampoco voy a dormir bien, porque solo he dejado ciertas pinceladas del tema por el que verdaderamente había empezado a escribir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario